Te autorizo a arrastrarme entre tus aguas turbias,
a ahogarme entre tus líquidos de azul intenso,
a hundirme en el ámbar de tus ojos.
Te autorizo a pintarme con trazos de azul mortecino,
a traspasar mi reflejo con la intensidad de tu mirada
que brilla en intensos dorados.
Te autorizo a hundirme entre tus silentes aguas,
a trazar nuevos caminos en mi piel,
matízame con colores nuevos,
delíneame otra vez
píntame de cuerpo entero,
píntame con claroscuros,
y mírame con esas piedras ámbares,
que sólo destellan para mí.