Mareas

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Caían lentas las horas,
tiñendo de ocasos al viento
avanzando lento,
en la nostalgia de la piel.




Mordía el tiempo... angustiada
con la voz quebrada de tedio.




Y en su mirada, bailaba tenue
a horcajadas la luz, apagada
en ella se bebían los miedos
alimentándose hambrientas,
como aves a la deriva.




Eran de un mar negro, profundo
aturdido por nubes y niebla
poblados de recuerdos.




De vez en cuando germinan
en gotas de rocío,
con la brisa fresca de la noche
lloraba lágrimas, de azul profundo.




Eran las noches de ardor
las que torturaban.


Y se miraba en los espejos preguntándose
las veces que fue,
ella sin él.


Veía el tiempo avanzando lento,
como si no importara
doliendo suave,
y con la voz cansada.


Murmuraba con besos
con sabor, a dolor indecible
como olas de piedras
que golpean, pero no rompen.


Así vivía existiendo, Así.




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Formas




Y entonces
nos abrazamos al silencio,
y entonces me abrazo a tus formas.


Y es que la noche
te anhela con el deseo mordiendo la piel,
como queriendo suceder.


Deseando que estés.


Con la noche recién nacida que se desborda entre mis manos,
que se aferra a mí,
intentando contenerme.


Y con el tiempo que gime en la piel, que abrasa,
que duele.


Y es que en la mirada vas cantando llovizna.


Llovizna que cae de tu boca,
con gotas de quizás abrazando mis mañanas.


Y de las manos temblorosas agitadas entre la arena,
se desmoronan las ganas,
se pierden entre los cuerpos.


Y en el sabor de la mirada vas probando todos mis colores.


Colores,
que renacen a cada trazo de tus dedos,
colores que reviven en cada sorbo de tu piel.


Colores que me hacen tuya.


Y en la caricia de tu voz
toman forma todos los deseos.


Y es que en tu voz se escribe el horizonte.









Escrito para Eduardo Magomi. @eduardomagomi



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Palabras vivas



Sobre la piel de papel
se empezaron a escribir los silencios,
palabras que jamás se pronunciaron
pero que latían vivas.


Destrozando,
intentando sobrevivir
al último atisbo de luz, que
todavía se alcanzaba a apreciar entre las ventanas.


De noche se inventaban
tratando de humedecer la piel
que ya de sed había muerto,
esperando.


Las miradas huían escondiéndose
entre las sombras de las pestañas,
que cerraban los ojos,
para no ver los pasos dados en el tiempo.


Los espejos se resquebrajaban
con ésa mirada que de tanto creer
ya estaba vacía.


Las distancias se intentaban
aunque el tiempo ya estuviera
estancado.


Las noches avanzaban lento,
contando los segundos que aún les
faltaban por sobrevivir.


Y las letras,
las letras morían de sed,
porque las aguas ya no estaban,
el cauce...
perdió el río,
la boca no era la misma
y la sed,
dejó el tiempo avanzar.


Dejó de latir.






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Amanecía



Amanecía despacio
con la luz filtrándose en las ventanas
al final de la cama se encontraba
Ella,
escribiendo sin prisas.


Y es que de tanto escribirle
sus ojos ya no se encontraban
se veía en los espejos,
con la mirada vacía
esperando los sueños que jamás soñó.


Intentando morder pedazos de vida,
contaba los días sedientos
y caminaba...
imaginándose en la orilla de sus playas.


Era Ella ave de presa.


Así,
vivía existiendo, doliendo,
destiñéndose de los quizás
que adivinaba detrás del horizonte.


Y de las miradas que algún día llegarían.


Con la luz del nuevo día,
vuelve a escribirse a lápiz
un día a la vez,
pintándose de claroscuros
y de besos de viento.


Sí, todavía espera.




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